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viernes, 4 de septiembre de 2009

El origen de las cosas

Según se ha comprobado recientemene, todo se pega menos la belleza, no por ello más apreciada que, por ejemplo, la dignidad, por lo menos entre ciertos sectores, tampoco debe olvidarse que no ayuda nada la miopía exagerada a las actitudes y/o compotamientos dignos, apoyada en el quicio de tu ventanilla, asomaba a mi escote, de cebra indómita, tú naricilla, lo que hace la ropa, nada de esas chorradas de la actitud, ni el perreo, pero ese es otro cuento, como diría tolkien y no soy yo la encargada de contarlo, tengo, por lo tanto, que centrarme en mi historía: "el origen de los nombres".
Y por eso M.S. se llama como se llama, su madre que la parió no la conocía desde hacía mucho y por lo tanto no sabía gran parte de sus gustos, pero debió verle hechuras, y la nombró como a una Reina o una Santa, se inspiró en los altares y claro eligió "Antonia", para que nunca perdiese un alfiler, y si era menester robara un par de ellos.
La niña, que siempre fue de caracter discreto y devoto, ató a su pelo las enseñanzas maternas, e inspirada, sin duda por los angeles, la lió como sólo se embrollan las madejas y los ovillos, y es que tiene espíritu de gata, o de cabra...
En fín, que los jóvenes se cuiden, porque las brujas andan sueltas...

1 comentarios:

María Sangría dijo...

Me encanta esta entrada...me recuerda tanto a mí ;)